sábado, 8 de octubre de 2011

Dos Almas

Dos almas cuyos cuerpos acaban de morir se dirigen hacia el cielo. El viaje es extremadamente largo, y luego de varias horas viajando lado a lado, comienzan a conversar. Tímidamente se cuentan de los cuerpos que habitaron, de la vida terrenal, de los colores, sabores y sonidos. De lugares, momentos y personas que han conocido.
Luego de varias horas conociéndose, ambas almas descubren que han vivido muy cerca una de la otra. Increíblemente, las dos habitaron cuerpos de varones y se encontraron con la muerte de sus cuerpos a temprana edad.
Hablaron de sus vidas anteriores, de siglos pasados, pero la historia reciente era los que más las cautivaba.
Como habían perecido el mismo día, aún arrastraban la tristeza y el dolor recientes. Era precisamente el largo y lento viaje hacia el cielo, lo que permitía a cada alma reflexionar y elaborar lo vivido en el último cuerpo habitado, hasta liberar definitivamente las emociones residuales y estar lista para integrar un nuevo destino en la vida terrenal.
Cuanto más conversaban entre ellas, y se conocían, más encontraban cuan parecidas sus vivencias habían sido a lo largo de los años.
Hablaron de la niñez y descubrieron que jugaban en los mismos juegos, frecuentaban los mismos lugares, amaban la vida al aire libre y tenían, con sus respectivos cuerpos una armónica conexión.
Con el tiempo ambas almas se nutrieron de una incesante energía que los fue empujando hacia adelante en busca de sus objetivos.
Nuevamente, encontraron grandes similitudes y coincidencias que los acercaban más y más. 
A medida que avanzaban en su trayecto final, el paso de hacía más lento y aplomado para darle a cada alma el tiempo necesario para la propia autoreflexión. En un momento de este trayecto, las almas tenían la oportunidad de frenar su marcha y mirar hacia abajo, allí donde aún llevaban húmedas las pupilas los seres que habían quedando su partida. Era un momento difícil, pues implicaba ver el sufrimiento de aquellos que habían amado.  Además, las almas pueden verse unas a otras, con lo cual aún a la distancia, podían ver y sentir el dolor en esas almas que sufrían por sus cuerpos. 
Ambas se quedaron en silencio contemplando aquel último momento de conexión.
Una de ellas demostraba, dentro de su dolor, la ternura hacia aquellos que aún lloraban su partida, y que sabía, con el tiempo superarían la pérdida y tendrían enormes recuerdos felices que la sobrevivirían. 
La otra se mostraba avergonzada y dolida, apenas podía mirar allí donde el dolor aún reinaba.
Pasaron tanto tiempo juntas que se hicieron inseparables. Todos los recuerdos que se contaban parecían idénticos. Se dijeron que seguramente seguirían cerca en sus nuevos cuerpos.
Por fin llegaron al cielo.
Allí las recibieron dos ángeles; uno dio una cálida bienvenida al alma que había sentido esa ternura al mirar y el otro anfitrión lo hizo con un gesto serio y adusto para con la otro alma arribada.
Allí se separaron y jamás volvieron a verse.
El alma recibida por el angel gentil, preguntó a su anfitrión por su entrañable nueva amiga, le contó que habían crecido muy cerca, que sus vidas habían sido increíblemente similares y que ambas habían encontrado la muerte de sus cuerpos a temprana edad. Pero el ángel ya sabía todo esto y solo le respondió: ¨Cada alta tiene un destino, y en ese destino debe soportar también el dolor tanto como saborear la alegría. Ambos transitorios y pasajeros.
Lo que no puede hacer, es elegir el día de su muerte.